No fue un hecho casual que el primer largometraje abiertamente gay del cine mudo se hiciera en Alemania. El filme Diferente a los demás (Anders als die Andern) se proyectó en 1919 en las pantallas comerciales, aprovechando la abolición de la censura en el cine y la liberalización de las costumbres que trajo al mismo corazón de Europa la efímera Republica de Weimar. En medio de un panorama bastante desalentador, el objetivo redentor acometido por el tándem Oswald-Hirschfeld pudo llevarse a cabo sin demasiados obstáculos.
Pero una vez más, la excepción confirmaba la regla. Desgraciadamente, la censura cinematográfica volvió a imponerse en todo el mundo occidental y tardaría mucho tiempo en abolirse. A pesar de ello, otros pocos filmes mudos europeos lanzaban tímidos guiños homoeróticos que escaparon al ojo escrutador de los censores, o fueron prohibidos, pero que hoy, por fortuna, podemos disfrutar en libertad.
Pero una vez más, la excepción confirmaba la regla. Desgraciadamente, la censura cinematográfica volvió a imponerse en todo el mundo occidental y tardaría mucho tiempo en abolirse. A pesar de ello, otros pocos filmes mudos europeos lanzaban tímidos guiños homoeróticos que escaparon al ojo escrutador de los censores, o fueron prohibidos, pero que hoy, por fortuna, podemos disfrutar en libertad.
SUCEDIÓ EN ALEMANIA
Son muchos quienes consideran a Alemania la cuna del cine gay. Y no les falta razón. Si América inventó el sissy como estereotipo de personaje cursi y afeminado, décadas antes de que Rainer Werner Fassbinder llevara a la pantalla su Querelle, el cine mudo alemán ya había abierto una nueva vía desde la misma orilla de la homosexualidad en el siglo que comenzaba. Esta efímera liberalización de las costumbres llegaría a suponer para muchos un soplo de esperanza.
Si Sexo en cadenas de Dieterle fue un intento interesante de abordar el amor entre hombres en un ambiente carcelario, el primer filme que de manera consciente plantea una historia homosexual en positivo es Diferente a los demás (Anders als die Andern), dirigido por Richard Oswald en 1919, escrito por el mismo Oswald y el médico Magnus Hirschfeld, uno de los impulsores del concepto moderno de homosexualidad. Por si esto fuera poco, la primera película abiertamente lésbica fue también alemana. Mucho antes de que Ulrike Ottinger se convirtiera en directora de culto hacia los años setenta, el cine mudo germano había hilvanado el retrato de amores entre mujeres, con La caja de Pandora (1928), de Georg W. Pabst, donde se narra la vida ajetreada de una prostituta. Habría que esperar al cine sonoro para que hiciera acto de aparición Mädchen in Uniform (‘Muchachas de uniforme’, 1931), una historia de internado femenino que supuso un panfleto contra el naciente nacionalsocialismo.
El doctor Magnus Hirschfeld, pionero del activismo homosexual, había fundado en Berlín el Instituto de Ciencias Sexuales (Institut für Sexualwissenschaft), una institución que tuvo como objetivo combatir el desprecio y la persecución que muchos gays y lesbianas sufrían debido a su identidad y ayudarles a sentirse parte de la sociedad. Esto fue posible gracias a una era de apertura ideológica y relajo moral que vivió Alemania bajo la republica de Weimar, en el periodo comprendido entre las dos Guerras Mundiales. Durante ese tiempo, Berlín se convirtió en la ciudad más abierta del mundo y el destino de artistas y celebridades, hombres y mujeres, que acudían allí en busca de un ambiente propicio donde expresar sus emociones y sus vivencias, libres de la censura imperante en el resto del mundo.
El Instituto de Ciencias Sexuales acometió la producción de numerosos cortos, hoy perdidos, que trataban de justificar la homosexualidad desde una perspectiva científica y con una complicidad inusitada hasta entonces. El mismo Hirschfeld intentaba así a ayudar al público a comprender mejor el hecho diferencial de la sexualidad, lejos de tabúes y anatemas. Sin duda el filme Diferente a los demás fue el más importante de cuantos se realizaron en su seno, no sólo por lo que representaba en sí misma, sino por ser pionera en tratar estas cuestiones.
Escenas de Diferente a los demás (1919)
EL ARGUMENTO
La película supone un alegato contra el artículo 175 del Código Penal alemán, que castigaba la homosexualidad con la cárcel. A lo largo de los 23 minutos que se conservan restaurados, de los 41 originales, la cinta cuenta el drama de un músico, Paul Körner (interpretado por Conrad Veidt), que es extorsionado por su condición homosexual. Comienza con una escena en la que Paul lee las esquelas de un periódico, plagadas de suicidios, tras los cuales está la aplicación del temible artículo 175. Un admirador suyo, llamado Kurt Sivers (Fritz Schulz), le pide que le dé clases de violín. Paul accede. Comienzan las lecciones, y al poco tiempo, ambos se enamoran. Los padres de uno y otro se oponen a una relación que no acaban de entender. Paul envía a los suyos a hablar con su mentor, el Dr. Magnus Hirschfeld, personaje real introducido en el film. El médico tranquiliza a los padres y les pide que no consideren la homosexualidad de su hijo como crimen, ni siquiera como enfermedad, sino como una manera distinta de amar que también resulta habitual en la naturaleza.
Paul y Kurt comienzan a perder el miedo a su relación. Un día en que ambos paseaban por el parque abrazados, un antiguo conocido de Paul, que los ve juntos, chantajea a éste, quien le da dinero por su silencio, ocultando este hecho a Kurt. El chantajista intenta un día entrar en casa de Paul y ambos le descubren. El tipo revela a Kurt su chantaje, Paul le golpea y Kurt, desolado, huye. Paul se queda solo y revive los momentos de su juventud en los que tuvo que esconder que le gustaban los hombres, incluida la terapia de hipnosis a la que acudió para ‘curarse’, sin lograrlo, o el affaire que tuvo con el mismo individuo que le chantajearía después, o su primer encuentro con Hirschfeld, que le pareció un medico distinto a los demás y que le animaba a no decaer en la búsqueda de sus deseos.
A partir de este momento la línea argumental se rompe con una larga escena que recoge la conferencia sobre sexualidad alternativa que imparte Hirschfeld, de un innegable valor documental. La cinta sigue con la denuncia de Paul a su antiguo amante, por chantaje, quien es condenado por extorsión, mientras que a Paul se le aplica la pena minima: una semana de cárcel, que no llega a cumplir. Pero el daño ya estaba hecho. Sus amigos le rehúyen y no encuentra trabajo, mientras sus familiares hablan de deshonra. Paul se suicida tomando un puñado de somníferos. Kurt acude a su lado en el lecho de muerte y, desesperado, intenta suicidarse también. Pero Hirschfeld le detiene y en el epílogo de la película le anima a cambiar los prejuicios y a hacerle justicia a Paul, a todos aquellos que vinieron antes de él y a los que vendrán después, una justicia a través de la convicción mediante el conocimiento.
LA MANO LARGA DE LA CENSURA
La adaptación que se hizo en Diferente a los demás, partiendo de una historia de homosexualidad masculina, fue posible gracias a la efímera abolición de la censura cinematográfica, que tuvo lugar el 12 de noviembre del 1918. Desgraciadamente, el revuelo que causó la película hizo que ésta fuera prohibida; tan sólo se autorizó su visionado a médicos e investigadores. También fue el detonante de que sólo un año después de proyectarse, volviera a decretarse la censura. Poco después, en 1927, Magnus Hirschfeld rodó un documental titulado Gesetze der Liebe (‘Leyes del amor’), utilizando parte de las escenas de Anders als die Andern. Ambas cintas, como tantas otras, fueron destruidas por los nazis a la llegada de Hitler al poder en 1933. Milagrosamente, una copia de Anders als die Andern llegó a Ucrania, gracias a lo cual ha podido reconstruirse en parte importante.
El mismo argumento de Anders als die Andern fue utilizado en el año 1961 dentro de la película británica Victim, protagonizada por Dirk Bogarde. Y es que la censura se mantuvo en Alemania por muchas décadas. Hasta los años 60, cuando Reiner Werner Fassbinder encontró un lenguaje propio, basado en el sadomasoquismo, para mostrar la homosexualidad en el cine. Por su parte, los Estados Unidos padecían las consecuencias restrictivas del llamado Código Hays, un tipo de censura aplicada al cine americano entre 1934 y 1967.
TABÚ, DE MURNAU
El cineasta alemán Friedrich Wilhelm Murnau fue un temprano maestro del expresionismo mudo en los años veinte. Homosexual declarado, a menudo tuvo que esconder este hecho, obligado por los códigos de conducta imperantes. A pesar de ello, hoy podemos descubrir en algunos de sus filmes la expresión de sus dudas e inquietudes personales, incluidas las relativas al sexo. En Tabú, su filme póstumo, se revelan los beneficios de que goza el individuo cuando vive en una sociedad libre de prejuicios. La muerte prematura del director truncó la que pudo haber sido una carrera mucho más larga y fructífera, y en la que tal vez habríamos llegado a contemplar en la pantalla alguna historia más explícita de amor entre hombres.
Tabú es, a todas luces, de esas películas cargadas de un homoerotismo contenido. A través de las numerosas escenas en las que el indígena protagonista aparece semidesnudo, rodeado de una naturaleza exuberante, uno llega a la conclusión de que sólo un homosexual podría haberse recreado de esa forma, mostrando un cuerpo adolescente como fruta madurada al sol de los sentidos. El filme es, en definitiva, un alegato a favor de la masculinidad en libertad, propiciada a lo largo del viaje que el director hizo a las islas del Pacifico en el año 1930. En otras de sus mejores creaciones filmográficas, como Nosferatu (1922), adaptación del Drácula de Bram Stoker, o Fausto (1926), un velado homoerotismo también aparece omnipresente.
Tabú, de F. Murnau (1931)
El cine de Murnau destaca por su puesta en escena, el uso de escenarios impactantes y una naturaleza virgen, como expresión lírica emocional, unida a la psicología de unos personajes tocados por la fatalidad y la tragedia. Igualmente trágico fue el final de los días de este gran director, cuando contaba 42 años. Poco después de terminar de rodar Tabú, Murnau murió en Santa Mónica, en los Estados Unidos, el 11 de marzo de 1931, en un accidente del vehículo que conducía su chófer y amante, García Stevenson, un jovencísimo filipino que también falleció en el acto, y a quien, según se rumoreó tras la autopsia, Murnau estaba haciendo una felación mientras iba al volante del automóvil.
LA SALOMÉ DE OSCAR WILDE
Entre las escasas incursiones que Oscar Wilde hizo en el cine, destaca su Salomé, versión de la historia bíblica, filme de una estética marica que salta a la vista desde los primeros fotogramas. Aunque la homosexualidad, tanto masculina como femenina, brilla por su ausencia en el guión -ciertamente insulso, a decir verdad-, su originalidad radica en haber sido realizada desde unos supuestos artísticos decididamente gays.
De hecho, la productora y actriz principal de esta cinta, Alla Nazimova, era lesbiana, y al marido de ésta, Charles Bryant, director del filme, le gustaban los hombres, sin lugar a dudas. Y ¿qué decir de los actores masculinos del reparto? Son evidentemente gays, o al menos se esfuerzan en parecerlo. Tal ocurre con Earl Schrenk, en el papel de Narraboth, príncipe sirio desposeído de su trono y obligado a servir a Herodes como jefe de su guardia, o con Arthur Jasmine, que actúa como el paje de Herodías, o con el bello esclavo negro, de cuerpo casi perfecto. Todos, dentro del sugerente estilo art nouveau que les envuelve, nos hacen creer a veces que en realidad actúan en el escenario de un teatro gay poblado de drag queens.
UN CANTO DE AMOR
Salomé, de Ch. Bryant (adaptada por Oscar Wilde)
UN CANTO DE AMOR
Un caso excepcional es el corto titulado Un chant d’amour (‘Un canto de amor’), escrito y dirigido por el francés Jean Genet en 1950, es decir, bastante alejado de la edad de oro del cine mudo, y en un momento en el que éste se encontraba ya en peligro de extinción por culpa del cine sonoro. La temática homosexual carcelaria se desarrolla a lo largo de los 25 minutos del metraje, donde se expone la sexualidad entre hombres en su forma más cruda, incluyendo aspectos tales como el voyerismo o el sadomasoquismo, pero donde también hay lugar para el romanticismo y la poesía. Este filme es uno de los ejemplos antológicos del cine gay underground, en un momento ciertamente difícil para crear obras de arte de esta naturaleza, que estaban totalmente vedadas. El influjo que tuvo en la cultura queer desarrollada con posterioridad, desde Andy Warhol hasta el mismísimo Fassbinder, la hacen merecedora de una atención especial por nuestra parte.
Un chant d'amour, de Jean Genet(1950)
Como era de esperar, la cinta fue prohibida en Francia y en el resto del mundo occidental, y posteriormente restaurada sin censura, tal como hoy podemos contemplarla, por fortuna. A pesar de ser el único intento cinematográfico de Genet, hay que decir que es una obra de arte imprescindible, que logra transmitir al espectador ese deseo transgresor reconocible en la misma vida del autor, incluyendo sus experiencias en la cárcel, los ambientes marginales y los personajes llenos de una vida interior atormentada.
Rodolfo Valentino
A decir verdad, el armario del cine mudo se encontraba bastante repleto de estrellas. Con independencia de los intentos encomiables que perseguían llevar la homosexualidad a la pantalla, muchos actores que protagonizaron aquel amanecer del celuloide gustaban de los de su mismo sexo en la vida real, aunque en las películas actuasen como bellos galanes que encandilaban a la primera hembra que se les pusiera por delante.
Es lo que sucedió al muy ambiguo de Rodolfo Valentino. Aunque en su funeral más de cien mil mujeres le lloraron, poco antes el rotativo The Chicago Tribune le llamaba ‘pompón rosado’ (pink powder puff) y anunciaba que los hombres afeminados como Valentino existían realmente. Por su parte, la audiencia masculina de Valentino solía escandalizarse por el maquillaje, las vestimentas vaporosas y la facilidad con que el actor dejaba atrapar su anatomía por la cámara en filmes como El Cadí (1921) y Sangre y Arena (1922). Algunos le consideran la primera estrella gay de Hollywood, a pesar de sus bodas y divorcios con Jean Acker y Natacha Rombova, que eran lesbianas o, al menos, tenían relaciones con mujeres.
El caso más notable entre los actores del cine mudo fue Ramón Novarro. Decididamente homosexual, por mucho que los magnates de Hollywood se esforzaran en ocultarlo, José Ramón Gil Samaniego, su verdadero nombre, había nacido en Durango, México, en el año 1899. Sus papeles estelares de galán latino en clásicos del cine mudo causaban sensación, como sucedía en Scaramouche o en Ben Hur, donde una minúscula túnica apenas si tapaba sus piernas desnudas. Fue compañero de reparto de actrices como Joan Crawford, Myrna Loy o Greta Garbo, pero en la vida real tuvo como novio al aventurero Richard Haliburton, entre otros. Vivió confortablemente gracias a su alta cotización como actor, pero su muerte, a los 69 años, fue bastante trágica, a manos de dos chicos de alquiler que querían robarle en su propio domicilio.
Entre otros muchos actores del cine mudo cuya homosexualidad fue notoria destacamos al mexicano Gilbert Roland, de nombre real Luis Antonio Dámaso de Alonso, que murió también en extrañas circunstancias, o a William Haines (1900-1973), considerado como uno de los principales actores del primer cine mudo de Hollywood y célebre por su comedia Show People, junto a la actriz Marion Davies. Su carrera terminó prematuramente, dado que su homosexualidad se hizo pública, lo que suponía entonces, y aún hoy sigue suponiendo, el final del mito de un galán de cine. Se le considera el primer actor de cine abiertamente gay. Cuando la Metro Goldwyn Mayer le pidió que se casara con una chica, él respondió que ya estaba casado, en alusión a su compañero, Jimmie Shields, quien convivió con él durante toda su vida, suicidándose tras la muerte de Haines. Un caso curioso de dos actores y amantes fue el de los norteamericanos Jack Warren Kerrigan (1879-1947) y James Vincent (1882-1957), este último también director, que vivieron juntos en una mansión de Hollywood durante más de 14 años.
El Pansy craze, que podría traducirse como ‘locura marica’, era el estilo de espectáculo a través del cual algunos clubs nocturnos gays y teatros semiclandestinos de las grandes urbes estadounidenses experimentaron un resurgimiento de la cultura underground. Este resurgir queer tuvo su momento más importante en la isla neoyorquina de Manhattan, entre los años 1930 y 1933, coincidiendo, por tanto, con el auge del cine mudo en Hollywood. Algunos de los pansy performers, que hacían de 'locazas' en estos garitos, fueron llamados a actuar en el cine mudo para papeles de sissies o mariquitas, con perfiles algo más elaborados. Un ejemplo curioso de actor pansy lo tenemos en el norteamericano Ray Bourbon, que se disfrazaba de mujer, como una drag queen, en películas mudas de comienzos de los años 20, por desgracia desaparecidas, pero que en realidad actuaba en una compañía de teatro gay ambulante.
SEXO SIN JADEOS
Ante la pregunta ¿existió el cine mudo gay pornográfico?, la respuesta es: sí, lo hubo, como no podía ser de otra manera. Las primeras evidencias se remontan a los mismos inicios del siglo XX, en los EE.UU. y, sobre todo, en Europa. Si bien existen noticias de algunos ensayos realizados en la última década del XIX, muchos consideran a A free ride (1915) como la primera película porno de la historia. Aquellos filmes eróticos tenían una corta duración, entre 5 y 15 minutos, y en su mayor parte iban dirigidos al público masculino heterosexual. Su lenguaje era sorprendentemente moderno para los tiempos en que fueron realizados, su autoría correspondía en muchos casos a profesionales del cine y eran distribuidos en los burdeles, en fiestas privadas, clubes masculinos y, en menor medida, por salas especiales tipo X.
En su mayor parte las escenas contaban con la presencia de un hombre y una mujer, pero un 10% de ellas eran lésbicas, aunque enfocadas desde el punto de vista del varón heterosexual. Curiosamente, las escenas de sexo entre hombres suponen un 5% del porcentaje total de las cintas pornos mudas, mucho más de lo que cabría esperar, teniendo en cuenta que iban dirigidas a un público masculino heterosexual. En estas escenas de porno gay, la representación del sexo entre hombres se mantiene dentro de un nivel de homofobia bastante acusado, ya que lo habitual es que se entienda como una relación forzada amo-esclavo, jerárquicamente configurada dentro de la historia, y en un contexto acusadamente bisexual.
Durante los años 1880 y 1890, unos escuetos fotogramas realizados por Eadweard Muybridge mostraban por vez primera el cuerpo de un hombre desnudo en movimiento. La primera película en que aparece sexo explícito, tanto 'homo' y 'hetero', fue Le ménage moderne du Madame Butterfly (1920), del director francés Bernard Natan, donde las escenas de homosexualidad masculina se expresan como una perversión entre hombres que practican sexo con mujeres y en un momento de la cinta se enrollan entre sí. El primer ejemplo de porno entre hombres y para hombres aparece en el filme norteamericano The Surprise of a Knight (‘La sorpresa de un caballero’, 1929-1030), de autor desconocido, aunque el protagonista es en realidad un travesti. Un año después, A Stiff Game (‘Un juego duro’, 1930) muestra por vez primera una felación entre hombres de aspecto varonil. A partir de entonces, el sexo gay desaparece radicalmente de la pantalla, hasta los años 70, donde la pornografía se legaliza en el mundo libre occidental.
Before Stonewall
DEL CINE MUDO AL CINE SONORO
Como hemos podido comprobar a lo largo de los tres capítulos de estas Homocrónicas, la homosexualidad estuvo siempre presente en el cine mudo, de una u otra forma. Con todos los matices que se quiera, pero estuvo. Europa, sobre todo Alemania, representó la avanzadilla en este terreno, con ensayos de un cine redentor para el homosexual, que no caería en saco roto, a pesar de la censura y de la destrucción indiscriminada de películas durante el III Reich. Mientras tanto, el cine americano de Hollywood inventó un personaje afeminado muy recurrente, el sissy, casi indispensable en muchas comedias de la época.
La rígida moral impuesta a partir de los años 30 hizo que la homosexualidad, como tema, estuviera condicionada, hasta el punto de ser prácticamente invisible en la pantalla. Pero la ley del péndulo intervino de nuevo. Los felices años 70, cuando el código Hays y la censura fueron abolidos, despertaron con aires de libertad. El mayo francés, y la revuelta gay de Stonewall, poco antes, ya había dado sus frutos. Para muchos, la homosexualidad entró en el cine, ya sonoro, por la puerta grande… Hasta el día de hoy… Pero esa es otra historia.
Para saber más:
Teoría y practica de la historia del cine, de Robert C. Allen y Douglas Gomery, Barcelona, Editorial Paidos, 1995.
Grandes clásicos del cine. Pioneros, mitos e innovadores, de Manuel Villegas López, Madrid, Ediciones JC Clementine, 2005.
La homosexualidad en el cine, de Ramiro Cristóbal, Madrid, Ediciones Irreverentes, 2010.
La homosexualidad en el cine, de Ramiro Cristóbal, Madrid, Ediciones Irreverentes, 2010.
Mikaël, de Herman Bang, , Madrid, Editorial Egales (Otras Voces), 2011.
Los proverbios chinos de F.W. Murnau, de Luciano Berriatúa, Vol. 1:.Etapa alemana. Madrid, 1991, Filmoteca Española. págs. 136-177.
INDEX OF SILENT FILMS REVIEWS
VIDEO: El celuloide oculto (The Celluloid Closet), EEUU, 1995. Dirección y producción: Rob Epstein y Jeffrey Friedman. Intérpretes: Tony Curtis, Susan Sarandon, Whoopi Golberg, Shirley Maclaine, Tom Hanks. Color y B/N. 101 minutos.
Dedicatoria:
Quiero dedicar estas tres entradas sobre la homosexualidad masculina en el cine mudo a todos mis seguidores, a quienes pido perdón de antemano por haberme extendido más de lo acostumbrado. En especial, un cálido abrazo para: Adriano, Alejandro/Alexandre, Alexxander, Anarkasis, Armando, Aviel אביאל, Biblioteca LGTTB, Cafarnaum, Camilo Higuita, Carla, Carmelo, Cesc, Checo, Daquari64, Efra-gl, El autor, Fabian, Gabriel, Gaviota Romántica, Guillermo Velasquez, Guillo, Gustavo Pecoraro, HenMex, Inquiquinante, Jamess.39, Javier de Diversidad Sexual e Identidad, Jose Brito, José Luis Marín, Juan, Juan Manuel Ramos, Juan Miguel, Julio, Julio Cesar, La campana de cristal, Larry Prater, Leo Soto Vergara, Leopold Estape, Luciano Guerra, Mar, Marco Silver, Martín Toyé, Medellín diversa, Merlin Purpura, Miguel Vizcarra, Mugen, Museo del pene, Nachofer, Observatoriogaygranatense, Oiluj, Otto Más, Pablö, Pd.miles, Piettro, Polux06, Revista Knott, Rodrigo ‘Roy’, Sergio, Sergio, Serteco3, Superbestiario, Tere, The Inqueerer y Thiago
¡Mil gracias a todos y todas por estar ahí cada mes!
Para dejar un buen sabor de boca, un ejemplo de que el cine mudo sigue vigente de alguna manera, aunque sea para resaltar la comicidad de los personajes, es este ensayo juvenil bastante conseguido:
Para dejar un buen sabor de boca, un ejemplo de que el cine mudo sigue vigente de alguna manera, aunque sea para resaltar la comicidad de los personajes, es este ensayo juvenil bastante conseguido:









Magníficas las tres entregas¡¡¡¡ Gracias por publicarlas.
ResponderEliminarGracias a ti, Leopold, como siempre. Bueno, ya sabes que eress para mi una de las fuentes de inspiracion... De hecho, me entere de la existencia de Wes Hempel a traves de ti, razon por la cual te dedique con cariño la entrada que hice sobre este genial pintor en EL MUSCULO OBLICUO. Un fuerte abrazo...
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