sábado, 1 de octubre de 2011

EL VESTUARIO ABIERTO (I): BILL TILDEN, UN PETER PAN CON UNIFORME BLANCO.




Si difícil resulta de por sí abrir el armario o closet particular de cada uno, más complicado lo es aún tratándose de la taquilla del vestuario. Y es que la práctica del deporte de élite parece estar vedada a quienes aman a los de su mismo sexo. En el caso de los hombres, son contados los deportistas que hicieron pública su homosexualidad. El americano Bill Tilden fue uno de los más importantes en la historia del apasionante juego de la raqueta, revolucionando el concepto de este deporte, en origen elitista y aristocrático, para convertirlo en un espectáculo de masas. Su evidente homosexualidad tuvo consecuencias negativas para su propia imagen y para el tenis profesional, más aún por sus implicaciones con la justicia en casos de pederastia. A Bill Tilden le gustaba rodearse de guapos jovencitos y eso era algo que no podía perdonarle el mundo, por muy ídolo del deporte que hubiera llegado a ser.


Para algunos expertos en hacer triviales los asuntos íntimos, el outing en el deporte está de moda. Pero todos sabemos que hacer pública su homosexualidad supone para el deportista profesional más problemas que satisfacciones. Entre ellos, la merma de credibilidad entre los aficionados y seguidores, el rechazo de sus compañeros de equipo, así como la consecuente pérdida de apoyo entre marcas y patrocinadores. Casos recientes, como el del arquero alemán Manuel Neuer animando a salir del armario a sus compañeros gays, se interpreta como una llamada a la esperanza, para que algún día no lejano todo deportista pueda hablar de su sexualidad sin represalias. Pero aún queda mucho para que esto llegue a suceder…





‘Big Bill’

Para Bill Tilden, aquel tenista alto, rubio y desgarbado, siempre rodeado de guapos y jóvenes muchachos, el relajo moral que trajo consigo la década de los treinta supuso un cierto escape para sus constantes devaneos, pero, en cambio, constituyó una mancha difícil de borrar para los amantes del denominado ‘deporte blanco’. A ‘Big Bill’, como solían llamarle cariñosamente, podía perdonársele casi todo. A fin de cuentas, alguien como él, evidentemente homosexual, había llegado a revolucionar el tenis, desechando su imagen elitista y, sobre todo, como deporte blandengue y aristócrata, para convertirlo en una actividad física donde estaban presentes la fuerza y el coraje, atributos masculinos por excelencia. Su figura llegó a suscitar todos los odios y alabanzas de un público cada vez mayor de aficionados, constituyendo un fenómeno deportivo durante el segundo cuarto del siglo XX.  

El pequeño William Tatem Tilden II había nacido en la ‘ciudad del amor fraternal’, Filadelfia (Estados Unidos), un 10 de febrero del año 1893, en el seno de una familia de clase media alta. La madre de Bill estaba inválida y murió cuando el chico tenía quince años. Su padre le sobrevivió cuatro años más, durante los cuales procuró apartar a Bill de su lado, enviándole a vivir con una tía soltera que tenía. Su infancia fue la de un niño criado entre algodones, desatendido afectivamente por su progenitor, mimado en exceso por su enferma madre y eclipsado por la muerte de su hermano mayor. Raras veces jugaba con niños de su edad y su aspecto enfermizo no presagiaba que llegaría a convertirse en uno de los atletas más importantes de los Estados Unidos.

Herbert, que le superaba en seis años, era su hermano favorito y también el de papá Tilden, quien se dedicó por entero a su primogénito, mientras el pequeño Bill quedaba al cuidado e instrucción de su doliente madre, Linie, mujer de moral rígida, que transmitía al muchacho sus obsesiones por las enfermedades venéreas. Bill adoraba a Herbert, hallando en él la imagen de ese padre que nunca llegó a tener de su parte. Entre otras cosas, antes de morir, Herbert le enseñó a jugar al tenis. Padre y hermano fallecieron el mismo año, dejando a Bill sumido en una gran depresión.



Charles Chaplin, apoyado en Bill Tilden y Douglas Fairbanks. 
 A su lado Manuel Alonso, el primer gran tenista español


Un chico de pelotas.

Según su biógrafo, Frank Deford, la pérdida de sus seres queridos, así como el fuerte vínculo que tuvo con su hermano mayor, le condujo en la madurez a buscar las relaciones de padre-hijo con jóvenes tenistas de su entorno. Como si se tratara de un nuevo Peter Pan, aunque vestido con un blanco uniforme deportivo, a Bill le gustaba jugar al gran hermano, y lo conseguía sin esfuerzo, gracias al talento que gastaba entreteniendo a los muchachos y a su capacidad de inventar historias y juegos.

Sin embargo, esta faceta didáctica de la que Tilden hizo gala a lo largo de su vida, unida a su pasión por la literatura, el teatro y la música, se vio en ocasiones ensombrecida por su carácter fuerte y egocéntrico, su forma de actuar autoritaria y un escaso encanto personal. Sin embargo, siempre se destacaba por su juego limpio y pundonor, defendiendo a toda costa lo que él creía justo, incluso si hacerlo iba en contra de sus intereses. Fue su conducta poco ortodoxa la que hizo que los espectadores empezaran a llenar los estadios, no sólo para verle jugar como todo un campeón, sino además para contemplar los desplantes y gestos que normalmente solía representar en la pista. En este sentido, hay que decir que Tilden fue en excelente precursor del genial John McEnroe.



Algunas de las costumbres de Tilden, que entonces se veían normales, hoy nos resultarían impropias de un deportista. Pero Tilden era más un artista de la raqueta, que ese tipo de atleta al que hoy nos tienen habituados los tenistas profesionales. Aunque bebía poco, en cambio fumaba muchísimo, llegando incluso a personificar anuncios publicitarios de marcas de tabaco, como Camel o Lucky Strike.



Bola de cañón 

Si el carácter de ‘Big Bill’ dejaba mucho que desear para los sesudos americanos, en cambio su aspecto físico era realmente impactante. Alto, fuerte, con brazos largos, ancho de hombros… No era especialmente guapo, aunque tenía un cierto atractivo personal. Además, poseía una potencia poco habitual para los jugadores de aquella época. Su mejor baza era el saque plano cannonball o 'cañonazo', mediante el cual mantenía los servicios a su capricho, aunque no abusaba mucho de él, reservándolo para ocasiones excepcionales. La velocidad de su saque fue medida en 1931 y daba 262.8 km/h, lo que lo convirtió  en el más rápido y potente de la historia del tenis.

Si el saque era su as bajo la manga, en cambio sus puntos débiles estaban cerca de la red, como ocurría con su poco eficaz revés. Pese a ello, la estrategia y potencia del tenista se imponían a la inmensa mayoría de sus rivales. Para colmo, en el año 1920, justo antes de empezar su ascenso meteórico en el tenis amateur, sufrió la amputación de una falange del dedo medio de su mano derecha, junto a una lesión crónica de rodilla. Pero Bill se las arregló para que estas leves minusvalías no salieran a la luz, lo que, unido a su espíritu ganador y su habilidad psicológica para estudiar a los contrincantes, no supuso un hándicap en sus aspiraciones deportivas.

Fue un primo suyo, apoyado por su amiga la actriz Mariam Hopkins, quien le convenció para que se empleara a fondo con el tenis, en un momento en la historia de este deporte en el que sólo los aristócratas podían ejercerlo y siempre como amateurs. Era impensable entonces que los tenistas ganaran esas sumas de dinero tan espectaculares como las de hoy en día. Pero eso no fue obstáculo para que, en tan sólo cuatro años, Bill Tilden se convirtiera en indiscutible campeón del mundo de tenis.




EL GRAN GATSBY DEL TENIS


Tilden no albergaba duda acerca de sus facultades, ni sobre lo bueno que podía ser si se entregaba por entero en el match. Él era el mejor y lo sabía. Como campeón, pasaba por ser un hombre extremadamente afectado y vanidoso, sobre todo dentro de la pista. Adoraba a los actores y quería ser uno de ellos. Y lo consiguió, ya que sus actuaciones deportivas se convirtieron en verdaderos espectáculos escénicos, donde el público aguardaba con impaciencia las imprevisibles  sobreactuaciones de Big Bill.

En la pista, y también fuera de ella, empezó a parecerse a un dandy, a veces extravagante, a veces petulante, con un toque de amaneramiento, que tenía en jaque a la fracción más aristocrática, sesuda y mojigata de sus cada vez más numerosos seguidores. Sin embargo, la mayoría de los espectadores le perdonaba todas esas salidas de tono suyas. Incluso en el revuelo que creó cuando en una ocasión Bill decidió cambiar el clásico pantalón largo de los jugadores de tenis por un short, anticipándose así a la moda que más tarde llegaría a imponerse sin muchos inconvenientes. 




De amateur a profesional

Bill Tilden fue la primera parte de su vida un amateur en sentido estricto. Hasta aquellos años, el tenis, como muchos deportes, entraba en el terreno del amateurismo, esto es, la clase de actividad desarrollada por jugadores de élite que no vivían directamente del deporte, sino que lo practicaban por puro placer. Por el contrario, profesionales eran considerados los que giraban en torno al deportista: representantes, entrenadores, médicos deportivos, etc.

Como tenista amateur fue número 1 del mundo durante siete años consecutivos, y uno de los más importantes de toda la historia. Su hegemonía sólo se vio amenazada con el auge de los franceses René Lacoste y Henri Cochet a partir de 1927. Entre 1912 y 1930 ganó 138 de los 192 partidos oficiales jugados. Fue vencedor del torneo de Wimbledon en tres ocasiones, así como de la Copa Davis. Nada menos que trece veces se alzó con la codiciada ensaladera, a lo que hay que añadir las siete victorias que obtuvo en el Open de los Estados Unidos.

Aunque en 1926 renuncia a una oferta para hacerse profesional, algo de lo que se arrepentiría años después, acepta abandonar el amateurismo definitivamente en 1931. Tilden contaba ya con nada menos que 37 años de edad, a pesar de lo cual seguía perfeccionando su excepcional potencia de saque, lo que, unido a su precisión de tiro y su movilidad, forzaba a los contrarios a jugar a la defensiva. Por encima de todo, Big Bill seguía siendo el número uno, la gran estrella que a revitalizaría el tenis profesional en sus largas giras por Norteamérica y Europa. Junto a otros colegas de la talla de Nusslein, Vines, Lacoste, Cochet o Fred Perry, contribuyó a hacer más competitivos los encuentros entre profesionales y, por ende, más interesantes para público y empresarios.

Otra importante faceta de Tilden fue la de escritor y teórico del tenis. Escribió dos libros, considerados verdaderos manuales: The art of Lawn Tennis (‘El arte del tenis sobre hierba’) y Match Play and the Spin of the Ball, sobre el efecto de rotación de la pelota. Junto a sus excelentes dotes físicas era un hombre muy cerebral, apto para desarrollar estrategias en el juego y muy adaptable al estilo de juego del rival. Esto le convertía en alguien prácticamente invencible.









peter pan Y SU raqueta

Resulta innegable reconocer que a Bill Tilden le gustaba rodearse de hombres jóvenes y adolescentes. Posiblemente la pérdida temprana de sus seres más queridos le empujó a crear vínculos afectivos paterno-filiales con los jóvenes tenistas que tenia a su cargo, entre los que destacó Vincent Richards.

Sin embargo, ninguno de sus ballboys protegidos, aparentemente heterosexuales, incluido el propio Richards, llegó a manifestar jamás haberse sentido acosado por Tilden, ni siquiera violentado ante su evidente amaneramiento. Se sabe que Big Bill nunca tuvo relaciones sexuales con mujeres, que se sepa, aunque adoraba a Greta Garbo o Katherine Hepburn. Tampoco tuvo muchas experiencias con hombres hasta convertirse en cuarentón. Aunque viajaba por todo el mundo en sus continuos tours, nunca abandonó el hogar de su tía, hasta 1941, cuando ya tenía 48 años.


En 1921 se especuló con que una posible relación homosexual entre Tilden y un joven tenista pudiera haber afectado al resultado de un partido. Fue en la final del torneo de Wimbledon, jugando contra Brian Norton. Al parecer, Norton, tras ganar los dos primeros sets del encuentro, perdió con demasiada facilidad los sets tercero y cuarto, quedando igualados. Con dos puntos de partido en contra, Tilden creyó que su saque había ido fuera, por lo que  se acercó a la red para felicitar a su oponente. La pelota había sido dada por buena y Norton, con toda la pista para él y sin la oposición de Tilden, lanzó la bola fuera de la cancha, algo que para la mayoría de asistentes fue algo inconcebible.

Otra curiosidad suya es que en los años treinta solía acudir con frecuencia a Berlín, donde gozaba de las noches decadentes en compañía de niñatos rubios y de ojos azules, junto a su amigo el tenista Gottfried von Cramm, que también era gay. Finalizada la II Guerra Mundial, Tilden volvería a estar en la República Federal de Alemania junto a su amigo Von Cramm, que con anterioridad fue uno de los deportistas mimados por el régimen de Hitler. 



La peor jugada de su vida

La peor jugada de su vida tuvo que ver con un triste episodio que tuvo lugar el 23 de noviembre de 1946. Dos policías de Beverly Hills avistaron un vehículo conducido por un chico de 14 años. A su lado, un hombre mayor apoyaba su cabeza en el hombro del muchacho. Al momento de la detención, ambos intercambian apresuradamente sus asientos, pero al chico no le dio tiempo de subir la cremallera de su bragueta. Eran Tilden y un delincuente  cuyos favores sexuales había contratado éste. La sentencia no se hizo esperar. No obstante, Tilden no fue condenado por felonía, lo que le habría acarreado importantes consecuencias, sino por mala conducta, contribuyendo a la delincuencia de un menor. Cumplió siete meses y medio de cárcel, del año al que había sido condenado.

No quedaron ahí sus problemas ante la justicia. Tres años más tarde es nuevamente condenado a un periodo de un año de cárcel. Bill había parado su coche entre la esquina de Westwood y Wilshire Boulevard para recoger a Michael, un autostopista habitual de 16 años. “Al entrar en la calle 17, su mano cayo en mi pierna y empezó a tocarme por ahí” –dijo el muchacho en su declaración ante el juez- “Me tocó mis partes, por dentro del pantalón, y dijo que tenía la mano fría. Yo la saqué y continuamos la marcha”. El chico se bajó, anotó la matricula del coche de Tilden y le denunció a la policía.

Esta segunda condena hizo que la fama de Tilden descendiera bajo mínimos. Muchos dudaban de su inocencia en el primer proceso, pero una reincidencia ya era demasiado evidente. Tilden quedó prácticamente aislado, sin amigos y excluido de la mayor parte de clubes deportivos. El público también comenzó a darle la espalda. Únicamente su amigo Charles Chaplin estuvo siempre a su lado en los momentos más adversos.

Cuando su abogado le pide que se declare inocente, Bill le responde: “No creo que pueda declararme no culpable, Richard. Porque eso sería hacer trampa. ¿Cómo es posible negar esto? Es como tratar de ganar un partido por un mal arbitraje”. Estas palabras muestran el inalterable espíritu deportivo que fue emblema en la pista y también en su vida personal, por encima de sus debilidades humanas.






El ocaso de un dios

Los cuatro últimos años en la vida de Bill Tilden se caracterizaron por un declive innegable, tanto en lo personal como en lo profesional. Aunque vivía una vida desahogada, gracias a su patrimonio familiar, gastaba demasiado dinero en algunas cosas que le llevaron a la ruina. Por ejemplo, desde la muerte de su tía, pagaba una suite en el lujoso Algorquin Hotel, y también financiaba costosos espectáculos de Broadway, donde era a la vez actor, guionista y productor.

Alejado de su fama anterior, Tilden se limitaba a participar esporádicamente en partidos con celebridades de la pantalla. Murió de un ataque de apoplejía en Los Ángeles, California, el 4 de junio de 1953, a los 60 años de edad, cuando se preparaba para asistir a un evento deportivo en Cleveland, Ohio.




el mejor ENTRE LOS mejoreS

La prensa deportiva, en un reciente ranking, a raíz de la rivalidad entre Rafa Nadal y Roger Federer, se empeñaba en buscar al mejor jugador de todos los tiempos. Entre los candidatos figuraban Bjorn Borg, Jimmy Connors, John McEnroe, Pete Sampras o Andrea Agassi, además de los mismos Federer y Nadal. Pero pocos se acuerdan de Bill Tilden, tres veces ganador de Wimbledon, siete del Open estadounidense o trece en la Copa Davis, ni de haber sido diez vences vencedor del Gran Slam, ni de su hegemonía en el tenis mundial durante una década entera, sólo comparable a la de Pancho González en los años cincuenta, por no mencionar el servicio más rápido de la historia, esos imbatibles 262.8 km/h. 


A pesar de todo ello, Bill Tilden no tiene en su memoria ningún estadio, ningún trofeo lleva su nombre, ninguna estatua dedicada a él, como ocurre con la inmensa mayoría de los grandes tenistas de todos los tiempos. Como único desagravio está  su biografía, escrita por Frank Deford, que ha inspirado la obra de teatro Big Bill, del dramaturgo A.R. Gurney y dirigida por Mark Lamos, así como el proyecto de un largometraje dirigido por Pen Densham, con guión de Gil Dennis, el mismo del filme En la cuerda floja.

Tilden procuró acallar las voces que en su interior le hablaban de deseos prohibidos, cosa que consiguió casi siempre gracias a su entera dedicación al deporte blanco, aunque al final las fuerzas le flaquearan. Fue un gran deportista, inteligente, intuitivo, enérgico, vital, un fuera de serie, pero también un hombre desdichado y con defectos humanos primarios. Su homosexualidad reprimida brotó en su madurez con la fuerza del tapón de una botella de champán.

Algunos biógrafos apresurados afirman que la vida personal de Bill Tilden no fue precisamente un ejemplo a seguir. No estoy en absoluto de acuerdo con esa apreciación tan tajante. Aunque lo intentó con todas sus fuerzas, el grandullón de Big Bill probablemente nunca llegaria a crecer del todo, Por eso, a veces en la vida real actuaba como un niño. Sea como fuere, frente a toda una existencia, dos acusaciones de dudosa credibilidad y unos cuantos meses en la cárcel no son motivo suficiente para condenar a nadie para la eternidad. 


(continuará)



 Para saber más:


El vestuario de color rosa, por Patricia Nell Warren, Madrid, Editorial Egales, 2007.

Big Bill Tilden. The Triumph and the Tragedy, por Frank Deford, New York, Simon & Schuster, 1976.

http://www.tildenthemovie.com





No hay comentarios:

Publicar un comentario